Cáncer de próstata. Una mirada al papel del PSA en el diagnóstico temprano

Representa el 11% de la totalidad de casos de cáncer del mundo. Cuales son sus factores de riesgo y la importancia de la detección precoz. Entrevista con el Dr. José Zarba, miembro de la Asociación Argentina de Oncología Clínica

Palabra especializada

Dr. Juan José Zarba Asociación Argentina de Oncología Clínica

En el mundo el cáncer de próstata se posiciona como el de mayor incidencia en el hombre y, teniendo en cuenta a ambos sexos, el segundo con mayor incidencia después del cáncer de mamas. Representa el 11% de la totalidad de casos de cáncer del mundo sin embargo, el índice de mortalidad es bajo. Representa la sexta causa de mortalidad por cáncer.

Sobre lo dicho, la relación incidencia (primera causa)/mortalidad (sexta causa) del cáncer de próstata indica que muchos casos no conllevan a la muerte del paciente.

La situación epidemiológica en Argentina presenta datos similares. Es el primero en incidencia en hombres y el segundo teniendo en cuenta la totalidad de la población. En el año 2018 se registró como el 9% de todos los tumores.

El cáncer de próstata se presenta en personas mayores a 65 años y, en un porcentaje mayor al 80% de los casos se diagnostica como enfermedad localizada en próstata. Esto implica que sólo un porcentaje menor puede tener metástasis, es decir, enfermedad diseminada al momento del diagnóstico.

Factores de riesgo

El principal factor de riesgo es la edad de la persona. El cáncer de próstata es poco frecuente en personas menores a 50 años, mientras que el índice aumenta de forma considerable después de los 65 años. Otro factor riesgo de tipo genético son las personas de raza negra; puede presentarse en países como Estados Unidos.

Por su parte, el cáncer puede tener origen familiar pero el porcentaje de casos es menor -15% a 20%- Es en este tipo de casos en que el cáncer puede presentarse en poblaciones más jóvenes, incluso en menores de 50 años de edad.

Esto se debe a la existencia de una mutación asociada (mutación BRCA) que se transmite de forma germinal, es decir padre a hijo. Así, si se presenta una persona con antecedente de padre con cáncer de próstata en edad temprana, será necesario controlar a ese paciente desde más joven.

Acerca de la detección temprana del cáncer

El antígeno prostático específico (PSA por sus siglas en inglés) es desde mediados de 1980 el biomarcador más utilizado para medir riesgo presente y futuro de desarrollar cáncer de próstata, para su detección temprana y para medir respuesta a tratamientos de la enfermedad.

Su valor en sangre aumenta en presencia de cáncer, sin embargo también puede presentar pequeñas elevaciones en pacientes sin cáncer; patologías benignas de la próstata pueden generar una elevación-menor- de PSA.

Durante muchos años se estableció que todos los hombres mayores a 50 años debían realizarse un examen anual de próstata asociado a un dosaje de PSA.

Esto fue rebatido años más tarde porque se notificó, ya desde estudios preliminares (escandinavos), que la incidencia del cáncer de próstata era mayor en autopsias que en la vida real. Se interpretó que existían muchos casos de cáncer de próstata que podían aparecer durante la vida del hombre pero que no llegaban a manifestarse como tal. Tenían un curso indolente: la persona puede ser portadora del cáncer durante años sin manifestarse ni crecer o diseminar.

Posteriormente se realizaron estudios poblacionales de mayor número en donde a un grupo se le hacía el análisis PSA y a otro grupo no. El seguimiento para ambos grupos fue el mismo.

Se comprobó a partir de este estudio que, si bien fueron diagnosticados más casos de cáncer de próstata en el grupo en que se hacía la determinación del PSA, al fin de la historia no se presentaban modificaciones en la sobrevida de los pacientes; todos las personas que habían participado del estudio vivían el mismo tiempo.

Esto implicó que muchos de los cánceres diagnosticados tempranamente podían haber sido cánceres indolentes, no hubieran afectado al paciente en su vida cotidiana, quienes podrían llevar una vida sana y morir por otros causales.

A partir de entonces se replanteó en todos los Sistemas de Salud el uso del PSA como método de tamizaje obligatorio para todos los hombres y , hoy incluso no es aconsejado.

El Instituto Nacional de Cáncer en Argentina se acopla y no recomienda el análisis de PSA en forma generalizada sino que se deben discutir los riesgos y beneficios junto al paciente.

La decisión es justificada. En Estados Unidos desde que se inició el uso del PSA para la detección temprana del cáncer de próstata, se observó un aumento considerable de la incidencia de cáncer diagnosticado con respecto a años anteriores y, aún así la supervivencia no cambió.

Esto condujo a que 1,5 millones de americanos recibieran tratamientos no requeridos como radioterapia radical prostática o prostatectomía radical. Los tratamientos no son inocuos para el paciente, sino que pueden tener complicaciones futuras como incontinencia urinaria, impotencia sexual, entre otras molestias.

A partir de un diagnóstico temprano hay pocas posibilidades de que un tratamiento no sea determinado para ese tumor. Los pacientes se someten entonces a tratamientos agresivos, muchas veces no necesarios.

Es menester informar que, pese a no aconsejar el diagnóstico generalizado sí se deberán considerar los casos con antecedentes de familiares con cáncer (sobre todo en edad temprana).En estos pacientes es posible discutir el beneficio probable de seguirlo de cerca con un PSA o un examen prostático a través de tacto rectal.

Por su parte, si un paciente tiene síntomas prostáticos como cambios en el chorro de la micción , aumento de la frecuencia de micción u otros, estos tienen que acudir a una consulta urológica, realizar un tacto rectal para examen prostático. Todo lo dicho deberá ser discutido con el paciente para analizar la relación riesgo y beneficio del análisis.


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