La evolución de los precios en frutas, verduras y carnes potencia la malnutrición de los argentinos.

En el 2020 aumentaron los casos de sobrepeso y obesidad, que representan un 67,9% de la población argentina. El incremento en los precios de los productos saludables por encima de la inflación incentivó el consumo de alimentos superprocesados, los carbohidratos y las grasas saturadas.

La malnutrición y la obesidad constituyen un problema grave de salud pública. Tal como lo advierte el Informe de la Nutrición Mundial 2020, en países como Argentina, la inequidad es la principal causante de la mayor prevalencia de sobrepeso y obesidad con un 67,9% de la población afectada.

Los grupos sociales de menores ingresos son los que más obesidad presentan, registrándose un 21% más en el quintil de menor ingreso. En el otro extremo, la desnutrición también golpea a los más vulnerables, especialmente a los niños y a las embarazadas. Estos dos fenómenos componen el problema de la malnutrición de la población argentina.

Según la Segunda Encuesta Nacional de Nutrición y Salud presentada por la Secretaria de Gobierno de Salud de la Nación con el apoyo de la OPS/OMS y Unicef, en Argentina el 41,1% de los niños y adolescentes de entre 5 y 17 años presenta exceso de peso.

Para entender esta problemática es crucial comprender como la economía doméstica impacta directamente en la calidad de la alimentación de una familia. Ya que, en condiciones de creciente desigualdad social, la elección de productos no saludables esta influenciada por los bajos precios de estos tipos de alimentos. Por eso muchos argentinos comen lo que pueden adquirir y no lo que es mejor para su salud.

Por ello, resulta muy importante monitorear permanentemente la evolución de los precios de aquellos alimentos que deberían abundar en la canasta alimentaria de toda familia, como frutas, verduras y carnes. Especialmente, porque se percibe una sobreoferta de productos ultraprocesados, con elevada cantidad de azúcares o grasas saturadas, a causa de que suelen ser comparativamente más baratos.

Los resultados no son alentadores. En el caso de las frutas y las verduras, se percibió en los últimos meses del 2020 una gran volatilidad de los precios, vinculada especialmente a la estacionalidad de los productos y a los problemas particulares de producción y cosecha que restringen la oferta momentáneamente y, por lo tanto, aumentan más los precios. Así por ejemplo, en noviembre del 2020, el precio del zapallo en el Mercado Central de Buenos Aires incrementó un 82%, aumento que se magnificó a lo largo de la cadena de comercialización. En el caso del tomate, el mayor incremento lo sufrió en septiembre (+99,7%) y en octubre (+46,7%). Es por ello que la caída en noviembre (-35,6%) se muestra muy leve con respecto al aumento acumulado en los precios.

El seguimiento de los precios mayoristas de frutas y verduras del año por parte del Centro de Economía Política (CEPA) arroja que el promedio de variaciones mensuales se ubicó en el orden del 14,8%. Incremento muy preocupante dentro de la canasta alimentaria.

En el caso de la carne vacuna, los meses de mayor aumento del precio de los cortes fueron enero (+7,6%), abril (9,2%) y noviembre (7,7%), superando la inflación mensual estimada en todos los casos. Para diciembre del 2020 se estima un incremento inicial del 25% o 30% y una posterior retrotracción en torno del 10%, por la negociación del gobierno en ciertos cortes más económicos. Sin embargo, la IPCVA no ha emitido aún los resultados finales del relevamiento del sector.

Con estos incrementos en la carne vacuna, la demanda de pollo fresco subió, dado su carácter de bien sustituto. A pesar de que ambos aumentaron, la carne vacuna aumentó proporcionalmente más. Comparando el precio del kilo del asado y del kilo de pollo, se observa una brecha creciente. Es decir, si en enero 1 kilo de asado equivalía a 3 kilos de pollo, en noviembre 1 kilo de asado equivale a 3,3 kg. de pollo. El encarecimiento relativo del asado respecto al pollo es de un 8% en el acumulado de 2020.

Estos incrementos explican la caída anual de consumo de carne vacuna de la población argentina, que actualmente se estiman en 51,1 kilos anuales per cápita. La situación del mercado de consumo de carnes, tanto en relación con la evolución de precios como a las cantidades consumidas, provocó la atención de la Secretaría de Comercio a impulsar un programa de consumo popular, asegurando varios de los principales cortes a precios por debajo de los actualmente encontrados en el mercado.


Por: Lic. Antonella Gutiérrez La Bruna

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